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Es una lástima dejar que Gold se nos vaya sin más. Pidámosle un poco, unas palabras de más (ya tenemos el “ellos y nosotros”). Está, por un lado, el Gold agitador, el airado crítico social: “América es tan rica y tan opulenta porque se ha comido la tragedia de millones de emigrantes”. “Este es un gran país, pero no para el pobre. Cuando el Mesías venga a América, hará mejor en venir en un elegante automóvil y con una docena de criados. Si viene aquí en un caballo blanco, la gente pensará que es otro pobre emigrante, y a lo mejor le ponen a lavar platos en un restaurante”. Es el escritor que nos recuerda cómo los pobres de su barrio odiaban la filantropía, una cruel máquina “que no ayudaba a nadie sin primero degradarle sistemáticamente y despojarle de todos los derechos humanos. Los vecinos eran mejores. […] El hambre era mejor. Había miles de familias como la nuestra, que preferían la muerte a dejarse tomar las impresiones digitales por los insensibles policías de las Sociedades caritativas”.

Está, por otro lado, el buen comentarista, el que nos pone en contacto con mundos desconocidos. El que escribió, por ejemplo, “Los italianos cultivaban geranios rojos y rosados en latas de tomate. […] Para comprender esto sería necesario haber visto al anochecer, después de trabajar todo el día, a uno de nuestros emigrantes, italiano de pico y pala, regando su lata de amadas flores. Cetrino labrador, hijo de treinta generaciones de labradores, con su camiseta sudada, en la ventana de una casa de vecindad, sintiendo la poesía perdida. ¡Arrancado de su terruño! ¡Perdido! ¡Traicionado!”

Es este segundo Gold el que escribió: “Mi padre y sus amigos iban a ver diez o veinte veces una comedia. Cada uno tenía su actor predilecto. Cada uno se creía un agudo crítico dramático.

Mi padre, con su memoria excepcional, tenía una ventaja sobre los otros. Podía repetir escenas enteras de las funciones que había visto y representarlas. Su drama favorito era Los ladrones, de Schiller. Alardeaba de haber visto esta obra treinta y cuatro veces, en iddish, en alemán, en ruso y en rumano. Podía recitarlas casi de cabo a rabo”.

Otra de sus obras preferidas –nos informa el hijo– era Hamlet. “Los oficiales de sastrería –sentencia Gold– vivían con Shakespeare”.

Es una oración que contiene todo un mundo. ¿Cuántas cosas no sabemos del otro?

Rafael Aliena

 

Fotografía de Tim Davenport

1 Respuesta

  1. Esta breve lectura me hace pensar en esas historias que el mundo del filme nos ofrece, donde nos trasporta de mundos irreales a mundos crueles casi tan parecidos como realidades que en la actualidad se viven en el dia a dia.
    En lo personal mi trabajo me ha dado la oportunidad de conocer historias increíbles de valentía, de admiración, de dolor etc cada una de las personas que me han compartido sus historias, me dejan na enseñanza y un espíritu de seguir adelante, no hace falta tener horas hablando para conocer la profundidad de su sentir, de su dolor, de su perdida o de su añoranza. Ellos viene y nos comparten las historias que estoy segura un historiador tomaría para hacer grandes best seller, pero solo quedan en eso, en historias de entrada por salida.