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“Nuestra verdadera nacionalidad es la humanidad”, escribió H. G. Wells, novelista inglés, en afirmación que es sabia o necia, según lectores. ¿Qué opina de ella el mejor cronista deportivo y uno de los mejores periodistas (sin especialidad) de la prensa española, el británico John Carlin?

En octubre de 2013 escribió para su periódico una respuesta, aunque implícita. Nos limitamos a extractarla. El mejor, más interesante, concreto y polémico material se halla siempre en los parajes menos pisados. A partir de aquí, hasta el rabo, todo es Carlin. No parece que niegue la nacionalidad jurídica a los futbolistas extranjeros (aunque le revientan las naturalizaciones rápidas a los deportistas de élite), sino más bien la “sentimental”, aunque se identifiquen básicamente –la tercera esfera de nuestro módulo 1– con los valores de la sociedad de acogida (en realidad de esto no habla).

“Los ingleses andan desesperados por encontrar futbolistas que ofrezcan posibilidades a su selección de ganar algo tras casi 50 años sin trofeos. Por eso cuando un chico joven marcó dos goles para el Manchester United el fin de semana pasado en una ajustada victoria contra el último de la Premier League, el Sunderland, se emocionaron. A los cinco minutos de finalizar el partido se oyó un clamor: “Adnan Januzaj, ¡selección!”.

El problema es que Januzaj [18 años cuando el artículo] no es a primera vista, como indica el nombre, precisamente inglés. Nació en Bélgica, pero por parentesco podría también vestir las camisetas de Albania, Kosovo, Serbia o Turquía. Por residencia aún no puede representar a Inglaterra pero si estuviera dispuesto a esperar unos años podría hacerlo en el Mundial de 2018. […]

Mucho dependerá de las leyes de cada país en cuanto a la nacionalización. No es inconcebible que determinadas naciones cambien sus leyes para poder tener a los mejores jugadores en sus filas. […]

Uno que lo tiene muy claro es Jack Wilshere, joven jugador del Arsenal y de la selección inglesa. “Los únicos que deberían jugar para Inglaterra son los ingleses”, declaró esta semana. “El haber vivido cinco años en Inglaterra no te convierte en inglés”. […]

Lo que quería decir Wilshere es que la nacionalidad no depende de circunstancias legales sino de sentimientos subjetivos. Si cualquiera puede jugar para cualquier país con un simple cambio de domicilio, o porque descubre que tiene una abuela nacida en quién sabe dónde, lo que nos espera en el ámbito del fútbol internacional es la anarquía. Representar a un país será casi lo mismo que representar a un club. Todo dependerá de los caprichos de una directiva o, como dice [Diego] Costa [delantero brasileño-español del Athletic de Madrid], del equipo en que cada jugador “se sienta mejor”.

Lo que distingue a una selección de un club es que la selección es donde los pueblos invierten su orgullo patrio, sus sensaciones de lealtad a una misma bandera. Si las culturas nacionales de los seguidores y los jugadores de una selección no se corresponden nos convertimos en cómplices de un gran autoengaño colectivo.

¿Januzaj es inglés? ¿Costa es español? Sobre el papel lo podrían ser. Pero de veras, según el sencillo pero honesto punto de vista articulado por Jack Wilshere, ¿lo son? ¡Qué va! Y menos si admitimos que el idioma es, ante todo, lo que define la identidad nacional. Januzaj habla el inglés con acento extranjero, y Costa el español también. Su lengua auténtica, la que hablan en cada caso con sus familias, es otra. […]

Sí. Vivimos en tiempos globalizados. Cada día nos mezclamos más. Pero si no estamos dispuestos a cuidar los criterios que definen quién puede jugar para qué selección acabemos de una vez con la broma del fútbol internacional y quedémonos con la identidad local o arbitrariamente tribal que nos ofrecen los clubes”.

Rafael Aliena

1 Respuesta

  1. En primer lugar, no me interesa el fútbol… pero el debate en este punto resulta interesante. Atendiendo a Wilshere, la nacionalidad ¿es un sentimiento o depende de circunstancias legales? Personalmente, creo que es un sentimiento… que es una forma de vida. Ser de un lugar depende de muchas cosas, y como bien dice el texto, el simple hecho de tener una vivienda en un lugar determinado no te hace ser de ese lugar. Los rasgos que caracterizan el ser de un lugar son mucho más: una cultura, una lengua, unas costumbres… rasgos que influyen mucho más que una meras circunstancias legales…