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Contaremos los modelos de promoción de la convivencia social intercultural con el concurso de tres héroes de la cultura popular. La asimilación nos remite al relato de Tarzán de los monos y a su conversión, por procedimientos pedagógicos, en un caballero elegante. Aquí, lo que la sociedad occidental (para nosotros, la sociedad receptora) pretende es civilizar al salvaje, es decir borrar sus señas de identidad, sometiéndolo a un proceso de aculturación unilateral, bajo la justificación de su integración.

El segundo modelo es el de las políticas multiculturales, y su analogía literaria la ocupa en este caso el relato de Peter Pan y su idílico país de Nunca Jamás, del que, este personaje, junto al de Campanilla, no pretende salir, simbolizando de este modo la seguridad del gueto. En este modelo, se renuncia provisionalmente a la integración completa y queda justificada la generación de “guetos culturales”, de comunidades y espacios de protección para las minorías, de refugios étnicos que, a la vez, se convierten en instrumento de su exclusión. Las pautas, normas y valores dentro de cada “gueto cultural” son distintas a las de los otros “guetos” y a las de la cultura hegemónica.

Y el tercer modelo, el de las políticas interculturales queda representado por el relato de Blade Runner, y la fascinación de su protagonista por la identidad híbrida que percibe en los androides que tiene que aniquilar (los replicantes: humanos-máquinas). En este modelo se persigue el fomento del intercambio entre dominantes y subalternos, minorías y mayorías, su “hibridación cultural”.

¿Es la convivencia social intercultural un campo de preocupación en los tres modelos por igual?

Para el modelo asimilacionista, la convivencia con los “otros” es un asunto secundario o, en todo caso, temporal, ya que la preocupación principal es la “conversión” de los otros y su disolución en el “nosotros”, la transformación de Tarzán en un caballero elegante. Por tanto, si el fin ideal es la asimilación de las minorías culturales y, por ello, su desaparición como tales, la convivencia de la mayoría social con respecto a las primeras resulta un asunto residual.

En el caso del modelo multicultural, la convivencia sí es un tema importante, si bien los espacios de convivencia son relativamente limitados. Sólo cuando Peter Pan y Campanilla salgan de su país de Nunca Jamás deberán saber relacionarse eficazmente con el resto.

Sólo en el trabajo, en el metro o en el colegio, sólo en los lugares donde se produzcan estos limitados encuentros, las minorías culturales y la mayoría hegemónica se verán obligadas a intentar convivir. Pero, echando mano de otra metáfora utilizada para estos fines, si cada minoría vive en una habitación de una planta de hotel, y sólo se encuentran en el pasillo, unas discretas normas de urbanidad y circulación pueden bastar. Es decir que, para este modelo, la convivencia es un asunto limitado a determinados espacios de intensidad relacional baja. Si la sociabilidad intensa de las minorías se produce dentro de su gueto, la convivencia en los “espacios comunes” se parece más a una coexistencia pacífica.

Por último, dejamos entrar a Blade Runner, para complicarnos la vida, porque si el modelo que simboliza, el intercultural, pone el acento en el contacto y el intercambio entre la mayoría sociocultural o sociedad receptora y las minorías culturales o inmigrantes o, de otro modo, si las habitaciones del hotel no sólo se comunican por el pasillo, sino que también hay puertas en los tabiques que comunican las distintas habitaciones directamente entre sí, habrá que poner toda la carne en el asador de la convivencia social intercultural. Pero, aquí llegan nuestros problemas de orden teórico.

No está de más volver a hacer hincapié en que el ejercicio anterior, el de los modelos teóricos, no es sino una deconstrucción de las realidades sociopolíticas. Es decir, que no podemos encontrar en “estado puro” dichos modelos en la realidad. Cada política, acción, plan, proyecto, conducta individual o actitud relacionada con el tema que nos ocupa vendrá trufada de elementos de distintos modelos, o variará históricamente o circunstancialmente en su cercanía a uno u otro de ellos.

Jesús Yébenes González

Director del Centro de Apoyo a la Inmigración del Ayuntamiento de Valencia, Máster en Mediación Intercultural desde la Perspectiva de Género (2007), licenciado en Sociología (2002) y diplomado en Trabajo Social (1994) por la Universidad de Valencia.

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