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Justo cuando las dos grandes acaban de estrenar su nueva generación de consolas de videojuegos, en la era de la alta definición y el 3D, las pantallas retina y los procesadores de ocho núcleos, en un momento en el que la industria del vídeo juego factura más que el cine, las discográficas y el DVD combinados, desde el mundillo “indie” llegó Papers, please para ser elegido como videojuego del año por un sinnúmero de revistas del sector.

Con un sencillo entorno gráfico de ocho bits más propio de los años ochenta y una banda sonora que nos traslada a los tiempos de la Guerra Fría, al mundo de los bloques y los salvoconductos, Papers Please de Lucs Pope te propone que te pongas en la piel de un inspector de aduanas (trabajo que te tocó en la lotería estatal, por cierto), un operario más de un sistema burocrático y totalitario para obtener los recursos que te permitan sacar a los tuyos adelante tratando de resolver el mayor número de casos cada día de trabajo.

El argumento nos lo presentan en la web del juego:

El estado comunista de Arstotzka ha puesto fin a una guerra de seis años con la vecina Kolechia y reclamado su medio legítimo de la ciudad fronteriza, Grestin. 

Tu trabajo como inspector de inmigración es controlar el flujo de personas que entran en el lado Arstotzkan de Grestin desde Kolechia. Entre la multitud de inmigrantes y visitantes que buscan trabajo se ocultan contrabandistas, espías y terroristas. 

Utilizando solamente los documentos proporcionados por los viajeros y el anticuado sistema de inspección de huellas digitales del ministerio de admisión, debes decidir quién puede entrar será Arstotzka y quién será rechazado o detenido.

Ahora bien, a partir de ahí, como apunta Antonio Ortiz desde xataka.org, aparece el componente ético, lo que le da su verdadero interés al juego, y que te lleva a sumergirte en una dinámica en la que los dilemas se suceden unos tras otros. ¿Aceptaremos sobornos? ¿Separaremos a familias en las que alguno de sus miembros carezcan de la documentación necesaria? ¿Nos comportaremos como el más recto de los funcionarios en la defensa de la ortodoxia del régimen o apoyaremos a los grupos que desde la clandestinidad tratan de derrocarlo? ¿Luchamos contra nuestra propia corrupción o la justificamos y entendemos en las circunstancias de miseria que nos rodean? ¿Frivolidad y demasiada ligereza? Tendremos que jugarlo para juzgarlo.

Ángel Polo

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