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Eres egipcio, sirio, iraní, tunecino, argelino y te has criado a la sombra de un dictador, una figura paternal, misteriosa, benevolente y cruel y sientes la opresión en todas las facetas de la vida, todos los días, como si un siervo y no un ciudadano fueras. Te sabes alienado, alienado de tu propio país, del trabajo y la familia, hasta de los amigos. La servidumbre moderna que padeces, cuando todos creen que en el mundo no quedan siervos, hace que te detestes tanto como detestas a los otros, los que te rodean, sobre los que te sientes superior, porque tienes estudios, tienes un poco de mundo, etc. Contemplas con admiración tu posición por encima de los otros siervos y desprecias a éstos: “soy mejor”, “si les va mal es por su culpa”. Te identificas con occidente y piensas que el resto se queda atrás.

Hay más. La libertad de movimientos no existe en el mundo árabe; si quieres un mejor empleo o salario, no puedes buscarlo en otro país de tu entorno: el empleador lleva las de ganar, la opresión se extiende al puesto de trabajo. No quedan entresijos de libertad; el mundo entero se torna opresivo.

Las élites, por otro lado, han conformado la historia y has dispuesto el país en función de su propia imagen y de sus necesidades. La ley no protege suficientemente, al menos no cuando te ves en medio de algún asunto, por pequeño que sea, que concierna a esa élite o a los ámbitos oficiales, al menos cuando rozas el interés o la comodidad de alguien, por insignificante que sea, que pertenezca a una red clientelar manejada desde arriba.

Entonces tú, egipcio, sirio, iraní, tunecino o argelino de clase media, que tienes medios financieros en suficiencia para cubrir los gastos, buscas una salida en Europa. Estás ilusionado porque, por fin, vas a vivir en una sociedad humana y tolerante. Te encuentras con una nueva forma de opresión y te sientes rechazado y notas que tu existencia allí, para muchos, es poco más que un error que hay que corregir… cae sobre ti la pesada losa: no hay escapatoria. Se quiebra ese sentimiento que te sostenía, el de que eras superior a los otros siervos. A sus ojos, los de los europeos, eres como cualquier otro. Sigue la opresión.

Este es, en nuestras palabras, el relato del egipcio Maged Mandour, máster en Relaciones Internacionales por la Universidad de Cambridge. Se publicó en openDemocracy el 19 de mayo de 2014 como “Modern serfdom”.

Rafael Aliena

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