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Tendemos a pensar los fenómenos migratorios desde la perspectiva de la sociedad de acogida, y es normal. Durante los últimos años hemos jugado ese papel, y nuestra opinión y nuestra visión del mundo se apuntalan, en buena medida, en la posición que ocupamos y en las experiencias vividas. Sin embargo, como estudiosos de la materia sabemos que la realidad presenta múltiples facetas.

Los flujos migratorios están protagonizados principalmente por la odisea de los que se van, así como por los encuentros y los desencuentros que se producen en los lugares de destino entre los que llegan y los que ya los habitan. Estos días sin ir más lejos nos deteníamos en testimonios de algunos de los que se fueron. A ellos, y pese a que por su inmovilidad pueda resultarnos paradójico cuando hablamos de migraciones, se une la vida y los azares de todos aquellos que se quedan.

En el verano pasado la ciudad de Detroit era la primera en declararse en quiebra municipal en los EE.UU. La que en su momento fuera una de las ciudades más boyantes de los Estados Unidos, “arsenal de la democracia”, cuna de la industrialización automovilística, y por qué no decirlo, durante muchos años uno de los puntos calientes de la música electrónica mundial, se declaraba en bancarrota después de una prolongada agonía socioeconómica que arrasó literalmente barrios enteros (70.000 casas abandonadas dan buena fe de ello), y por la que perdió a más de la mitad de su población.

La semana pasada la televisión pública emitía un estupendo documental que todavía puede verse online, aunque la magnitud del deterioro ha sido tal que a poco que busquéis, encontraréis más de uno. Las imágenes del mismo nos hacen pensar en la desolación que queda atrás, en el drama existencial del venir a menos, de un espacio y un tiempo que dejan de ser, que se vacían de contenidos, de proyectos que languidecen en su decadencia para convertirse en el mundo de ayer.

El mundo de ayer, ya sabéis, está tomado del fantástico texto autobiográfico de Stefan Zweig, cuya lectura, más que recomendable, debería ser obligatoria, porque no hay mapa, estadística, ni siquiera máster que nos hable de la experiencia humana con la profundidad con que lo hace la buena literatura.

Ángel Polo

Imagen: Fragmento de Industria de Detroit, mural de Diego Rivera

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  1. […] Se mueren y los hijos quieren cumplir con la tradición, pero emigraron y ahora están lejos, muchos en Alemania. ¿Qué hacer con los cadáveres? Los hijos insisten: “quiero despedirme del padre, no lo enterréis todavía”. Una morgue en una aldea de mala muerte, en la montaña de Turquía, no es un derroche. Así lo defiende el obsequioso alcalde ante un grupo de funcionarios en pesquisa judicial a los que ha debido dar cobijo en una noche cerrada. Érase una vez en Anatolia (2011) nos abre una ventana a través de la cual imaginar las sociedades de origen. La partida de los jóvenes lo cambia todo. Una nueva mirada a El mundo de ayer. […]