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Sí, ella también, como Isabel Wilkerson, con abuelos, en su caso, que procedían de Carolina del sur y de Alabama. Esta es la coda que prometimos sobre ese éxodo masivo de afroamericanos del sur al norte y el oeste de los Estados Unidos, seis millones de personas, desde 1915 hasta los años setenta. Coda, cola, continuación, añadido, adición, colofón, como se quiera… la segunda parte de una entrevista en la cadena Democracy Now, que tuvo lugar el 29 de septiembre de 2010.

Insiste en lo de las experiencias compartidas. ¿Quién, en los Estados Unidos, no tiene un ancestro que vino de fuera? “Mi esperanza es que la gente pueda reconocerse en ellos y que comprueben, a través de las experiencias de todos estos sujetos, gente hermosa, sorprendente, valerosa, cuánto tenemos en común”. Dejaron atrás lo conocido, en ocasiones con muy poca información, pero sabiendo lo que querían. Echaron de menos su hogar, se reunían para contar historias, comer juntos, disfrutar de la mutua compañía… al igual que todos esos otros, italianos, irlandeses, kurdos, libaneses (o sus descendientes) que no siempre les recibían bien y que, ya organizados en sindicatos, veían peligrar sus puestos de trabajo y sus huelgas (los recién llegados hacían a menudo de esquiroles).

Impresiona saber que esta migración lo fue contra la opinión de los líderes de la comunidad negra (editores, abogados, pastores), que aconsejaban permanecer en la tierra de los antepasados. Siguieron los mandatos de su corazón y no necesitaron de guías. “Si esta gente, con tan poco, con tan pocos recursos, tan poco dinero, con nada más que su determinación y su sueño, obraron de acuerdo con él, tenemos entonces el deber de hacer algo. Nos dejaron en herencia, a todos los norteamericanos, un legado extraordinario. Creo que algo hemos de aprender de todo ello”.

Como era gente de talento, ambición y resolución, no tardaron en triunfar. El sur ─sostiene Wilkerson─ salió perdiendo; todavía anda retrasado en términos de niveles académicos, empresas importantes, salud…

Rafael Aliena

1 Respuesta

  1. Definitivo el mundo esta habitado por migrantes, y la migracion no solo se da con los humanos, recordemos las mariposas monarcas que migran de mexico a canada pasando por estados Unidos, las ballenas grises que llegan a puertos mexicanos etc. No podemos negar el proceso de las migraciones, que ha sido una parte natural del ser humano por los siglos de los siglos. Todos venimos de algun dato migrante, y como tal debemos de ser conciliadores y contruir estas nuevas sociedades con la multiculturalidad de las diversas etnias que las componen. Negarnos a la migracion es negarnos a una parte de la naturaleza.