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El fantasma del populismo recorre Europa. Puedes depreciarlo y cantar las virtudes cardinales de la Europa ilustrada o puedes tratar de entenderlo. Si hemos de optar, preferimos lo segundo. ¿Qué representa Juana de Arco (1412-1431) para tantos franceses de hoy? (hemos elegido a propósito una representación poco heroica y “francesa” del personaje; para la versión nacionalista: aquí).

Defendamos nuestra opción (entradas anteriores: una, dos y tres) con la ayuda de dos grandes pensadores y escritores. “Isaiah Berlin [1909, 1997, el primero de ellos] fue un demócrata y un liberal, uno de esos raros intelectuales tolerantes, capaces de reconocer que sus propias convicciones podían ser erradas y acertadas las de sus adversarios ideológicos. Y la mejor prueba de ese espíritu abierto y sensible [escribe Mario Vargas Llosa, el segundo de nuestros pensadores], que contrastaba siempre sus ideas con la realidad a ver si las confirmaba o contradecía, la dio dedicando sus mayores empeños intelectuales a estudiar, no tanto a los filósofos y pensadores afines a la cultura de la libertad, como a sus más enconados enemigos, por ejemplo un Carlos Marx o un Joseph de Maistre, a los que dedicó ensayos admirables por su rigor y ponderación. Tenía la pasión del saber y, a quienes promovían las cosas que él detestaba, como el autoritarismo, el racismo, el dogmatismo y la violencia, antes que refutarlos, quería entenderlos, averiguar cómo y por qué habían llegado a defender causas y doctrinas que agravaban la injusticia, la barbarie y los sufrimientos humanos (Mario Vargas Llosa, El País, 18 mayo 2014).

Aportemos pues algo de luz. El geográfo Christophe Guilluy asegura que el núcleo social que vota extrema derecha en Francia está formado por obreros jóvenes, víctimas de la crisis. Las élites parisinas denuncian a esos electores, víctimas del paro y el empobrecimiento de las familias. Detrás de esa visión de las élites, está la idea, falsa, de que los electores del Frente Nacional son idiotas y racistas. Es un error –advierte– que los partidos políticos tradicionales pagarán muy caro.

Es éste el autor que más ha hablado de una gran fractura geográfica y social entre la “Francia de las metrópolis” y la Francia periférica, la de los espacios periurbanos, rurales, zonas de medianas y pequeñas ciudades, la Francia de la precariedad social. Afirma que las capas populares en proceso de precarización están aumentando de forma continua y se sienten despreciadas social y culturalmente.

“Los poderes públicos, si son responsables, deben reaccionar a fin de evitar una situación de verdadero apartheid geográfico y social. […] La pérdida de confianza en las instituciones, en el progreso social y en el futuro de las zonas periféricas no podrá ser frenada con fórmulas huecas, moralizadoras o encantadoras. No se trata de fustigar el racismo y de comunicar buenos sentimientos para invertir la tendencia. Por el contrario, hay que intervenir sobre el terreno y dar su oportunidad a la innovación social. Ahora” (fuentes: Periodista Digital, 30 marzo 2014; Le Monde, 28 mayo 2012).

Dominique Reynié, director de la Fundación para la Innovación Política, alertó en 2011 del ascenso de los movimientos populistas en Europa en un libro devenido una referencia, Populismos: la pendiente fatal. En él hablaba del chauvinismo social o etnosocialismo, que consiste en decir que puesto que no hay más dinero, hay que reservarlo para los nacionales, y del populismo “patrimonial”, que es la respuesta a la combinación de la mundialización, económica y cultural, y del envejecimiento demográfico, que da la sensación a muchos europeos de que su estilo de vida está desapareciendo. La asociación de una crisis material, que afecta al nivel de vida, y una crisis inmaterial, que atañe al estilo de vida, a la identidad, crea una desestabilización existencial. Dominique Reynié aludía al miedo. Los franceses –aseveraba– temen el paro, la crisis económica, la inmigración, la inseguridad, la ruina por la deuda, la presión fiscal, el conflicto social, el islam, el fin de la familia… Frente a esto, no hay ningún discurso político de esperanza, de horizonte. Francia se encamina hacia una crisis social muy grave, una crisis caótica, parecida a la de las banlieues en 2005 (La Vanguardia, 28 abril 2013).

Rafael Aliena

 

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