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A Sennett le fascina este cuadro, que le sirve para acompañar su relato sobre la difusión del habla diplomática en la vida cotidiana. Más que una nota a pie de página en la historia de la cultura europea, se trata en realidad –defiende Sennett– de la señal de un cambio radical en el comportamiento social: el paso de las formas caballerescas a las de la civilidad.

Los caballeros medievales eran violentos e hipersensibles a las cuestiones de reputación, picajosos y tumultuosos, vengativos y ruidosos (en varios sentidos). Debieron ir conteniéndose, y a ello contribuyeron los códigos de cortesía, que enseñaban el modo de comportarse de modo menos agresivo en la conversación y procurarse así más placer.

A Sennett le gusta en especial uno de estos instructores en cortesía, Baltasar Castiglione (1478-1529), y le agrada en particular la defensa que hace en El Cortesaso de la sprezzatura, que definía como “la práctica, en todas las cosas, de cierta despreocupación que oculta toda habilidad y hace que cualquier cosa que uno diga o haga parezca libre de afectación y esfuerzo”. El consejo es: hay que distenderse, uno no debe tomarse demasiado en serio. A juicio de Castiglione, nos dice Sennett, “la ligereza hace a la gente más “sociable”, es decir, más cooperativa en la conversación, menos cerrada en sí misma, más abierta a los otros”. La jactancia, la pomposidad, están prohibidas. Quienes se rigen por sus códigos (los de la sprezzatura), no son asertivos, seguros y cerrados, pues gustan de hacer exploraciones y de las paradojas, las contradicciones, la ironía. Aman la conversación y no buscan tener razón (no es éste el motor o sentido de la misma).

La civilidad y la cortesía organizan intercambios en los que las partes están a gusto durante el encuentro; nadie siente menosprecio, vergüenza o turbación; nadie se vive como incompetente o inepto; cuando estos intercambios funcionan bien, todos ganan. Hay un algo en ellas de puro y simple autocontrol, de represión incluso, pero también –insiste Sennett– un mucho de placer y de cooperación que brinda satisfacción.

La diplomacia era la profesión que ponía en práctica los nacientes códigos de la civilidad, la sprezzatura, pero también algo que todos podemos practicar. A Sennett le interesa especialmente esta diplomacia fuera de los salones de una embajada.

Rafael Aliena

 

Fuente imagen: Los embajadores (1533), de Hans Holbein el Joven, The National Gallery, Londres. Fotografía tomada de Google Art Project. Para ver el cuadro completo, con grandísima calidad, y apreciar cualquiera de sus detalles, pínchese aquí. Para más información sobre el cuadro, aquí. Puede verse también el siguiente vídeo, para descubrir un óleo lleno de simbolismos.

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  1. […] dos, la empatía y tres, la vía y cooperación indirectas. Sennett, fascinado con el buen hacer de los diplomáticos y los buenos asesores laborales (no hemos podido presentar esta cuestión), pero también con la […]