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Una prominente autora, quien de joven acostumbraba a ser más afirmativa, juega a los equilibrios en su último libro. Un ejemplo: “la eliminación de la vergüenza y el estigma que suelen asociarse a la dependencia [de los discapacitados severos, las personas que reciben ayuda social, los mayores que no se valen por sí, los enfermos crónicos] [deberá ser] un objetivo muy importante… Ahora bien, por otro lado eso no significa que la independencia y la agencia humanas [la capacidad para tomar decisiones y llevar vidas llenas de actividad] dejen de importar”. Añade: “alcanzar el equilibrio correcto en esta cuestión [como en tantas otras que la autora trata y para las que ella diría lo mismo] es un proceso delicado que requiere de un debate y una disposición a escuchar constantes”.

Nos sentamos en otra mesa, cerca del alboroto, y al oído nos llegan estas palabras de un destacado político de un país vecino. La inmigración en sí no es mala para Gran Bretaña; todo dependerá de… (y aquí el ruido casi nos ensordece, pero parece que defiende que todo dependerá de su número, composición y grado de integración, también del ritmo de su crecimiento). Equilibrios, equilibrios, ¿encontraremos alguna vez el término medio? No es fácil en esta materia.

Quien habla es el señor Anthony Charles Lynton Blair, Tony para la Historia, primer ministro del Reino Unido entre 1997 y 2007. Está haciendo pedagogía, la que toca en el momento presente, sobre un asunto (el ascenso del populismo) que es apremiantemente urgente: hay problemas con una parte de la inmigración, la que no se integra y se muestra hostil o manipuladora de los sistemas de bienestar. Bien, reconocido el mal, y sin que haya que dejar de hablar de ello, todos los días si hace falta, con franqueza y respeto hacia los diferentes puntos de vista, no hay por qué ponerse histéricos y “subirse a lomos del tigre de la ira”, entre otras razones, se diría, porque ello no iba a servir de nada (por lo menos –afirma quien escribe– no a estas alturas; quizá sí cuando hace años se tildaba de xenófoba la más mínima preocupación por los efectos de la inmigración y cuando, por eso mismo, hubiera debido hacerse, con tanto apremio y tanta urgencia como los de hoy, una pedagogía de otro tipo). ¿Cuántas veces no habremos oído que la gente prefiere el original (populista) a la copia?

En Blair (o mejor, gracias a las vueltas que le hemos dado a sus palabras), aparte de equilibrio, encontramos ideas que quisiéramos encumbrar: el valor de la pedagogía política, la moderación, los políticos haciendo uso, si no de los votos y las políticas públicas, sí de la retórica política y de la buena comunicación, recuperando del empolvado desván la vieja idea de que la política también se hace con palabras, discursos, símbolos, emociones, etc. Cuando le miramos y vemos en él el paso del tiempo, se nos impone también esta sencilla verdad: hay gente importante, y la gente importante tiene responsabilidades importantes. De ellos hemos de esperar más: más coraje, más prudencia, más templanza, más fortaleza, más libertad de espíritu.

PREGUNTA: ¿Se arrepiente de no haber retrasado más la libre circulación para los ciudadanos de los nuevos Estados miembros cuando estaba en el gobierno?

BLAIR: No creo que la inmigración sea el problema de Gran Bretaña. No creo que los polacos que vienen a este país sean un problema económico, y la prueba es que contribuyen en impuestos mucho más de lo que reciben en prestaciones sociales. Tenemos los mismos problemas que los demás países: en un mundo que cambia tan rápido, la cuestión es cómo preparas a tus ciudadanos para los nuevos puestos de trabajo en el mercado. Lo que la gente quiere son normas que regulen la inmigración, pero nunca debiéramos convertirnos en un país anti-inmigrantes. Los países más exitosos hoy día son los que han usado la inmigración de forma constructiva. La libre circulación de personas en la UE es una de las grandes ventajas del mercado único, es lo que permite que cientos de miles de británicos trabajen en otro país.

PREGUNTA: Pero la percepción de la inmigración como problema fue uno de los factores más presentes en las elecciones europeas. ¿Cuál es entonces el fantasma que recorre Europa?

BLAIR: Existen ansiedades, perfectamente comprensibles después de una crisis financiera. Y los líderes deben escucharlas. Pero lo que deben hacer es liderar y no sucumbir a la tentación de cabalgar la ira. En estas situaciones de ascenso del populismo hay dos tipos de política: la rabia y la respuesta. Y es mejor centrarse en la respuesta y no en la rabia porque, cuando comienzas a subirte a lomos del tigre de la ira, te lleva en direcciones que no puedes controlar. Claro que es necesaria una coordinación europea para evitar los abusos de la inmigración y abordar los problemas que generan ciertos sectores que no están debidamente integrados, pero no debemos permitir que eso derive en la idea de que la inmigración en sí es mala para Gran Bretaña.

Rafael Aliena

 

 

La entrevista, en: ABC, 9 junio 2014. La autora citada en el primer párrafo es Martha C. Nussbaum y el libro, Emociones políticas. ¿Por qué el amor es importante para la justicia? (Paidós, 2014), pág. 150.

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