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“En el patio de una escuela de Londres, una vez un compañero de mi nieto puso a todo volumen por el sistema de megafonía de la escuela una canción de Lily Allen: “¡Jódete, jódete porque odiamos lo que haces y odiamos a todo tu equipo!”. […] Aquellos niños no tenían idea de que la cantante intentaba burlarse de sus propias palabras; a ellos, el “jódete, jódete” les parecía una declaración directa de guerra: “nosotros-contra-vosotros”. Se trata de un sentimiento peligroso en la zona de Londres donde se halla la escuela, pues la mezcla de religiones, razas y clases diferentes de esa zona de la ciudad convierte el nosotros-contra-vosotros en una incitación al conflicto, y lo cierto es que en esa zona de Londres los estallidos de violencia son frecuentes” (pág. 15).

Por eso en parte escribió Richard Sennett (nacido en 1943) Juntos. Rituales, placeres y política de la cooperación. Sennett es autor de libros muy conocidos, tales como El respeto. Sobre la dignidad del hombre en un mundo de desigualdades y La corrosión del carácter. Recientemente ha publicado El extranjero. Dos ensayos sobre el exilio.

La cooperación lubrica la maquinaria necesaria para hacer las cosas y la coparticipación puede compensar aquello de lo que tal vez carezcamos individualmente. Aunque inserta en nuestros genes, la cooperación no se mantiene viva en la conducta rutinaria; es menester desarrollarla y profundizarla. Esto resulta particularmente cierto cuando se trata de cooperar con personas distintas de nosotros; con ellas, la cooperación se convierte en un duro esfuerzo.

La cooperación –para Sennett– no implica el gusto y la aprobación del otro. Si solamente cooperamos con aquellos que nos gustan o cuyos estilos de vida, opiniones o valores merecen nuestra aprobación, no acabaremos con el tribalismo (puede ser un principio, pero no resultará suficiente). Obligar a la gente a que le gusten todos aquellos con los que se obligado a coexistir y apruebe todo lo que son o hacen es poco realista. Algunos pensamos que es una exigencia que debilitará el sentido y significado que las cosas tienen para los diferentes grupos humanos y culturas (dicho en términos llanos: nos lleva a un “todo vale”, que es como un “nada vale”).

En Juntos, Sennett se centra en la sensibilidad para con los demás, por ejemplo la capacidad de escuchar en la conversación, y en la aplicación práctica de esa sensibilidad en el trabajo y en la comunidad. Explora la cooperación enfocada como una habilidad. Como tal, requiere de los individuos la capacidad de comprenderse mutuamente y de responder a las necesidades de los demás con el fin de actuar conjuntamente, pero se trata de un proceso espinoso, lleno de dificultades y de ambigüedades y que a menudo tiene consecuencias destructivas.

Su visión de la cooperación no es restrictiva; casi que se diría que cualquier actividad social lo es: “la cooperación puede definirse como un intercambio en el cual los participantes obtienen beneficios del encuentro. Este comportamiento es reconocible al instante […] en los niños que construyen un castillo de arena o en los hombres y mujeres que colocan sacos de arena para protegerse de una crecida inminente” (pág. 18). Y añade, para ensanchar más la definición: “aunque la cooperación se deba a que nuestros recursos propios no nos son suficientes, en muchas relaciones sociales no sabemos exactamente qué necesitamos de los demás, ni qué deberían ellos esperar de nosotros” (pág. 10). Y añade que la cooperación puede ser tanto informal como formal; las personas que pasan el rato en una esquina o bebiendo juntos en un bar intercambien chismes y mantienen la fluidez de una charla sin conciencia de “estar cooperando”. Y añade… ya se ve, nos hemos expandido.

Volvamos al principio, al éxito de ventas con el que un exquisito amante del violonchelo comienza su libro.

Sennett escribió Juntos para luchar contra el tribalismo, que debe ser entendido como lo contrario de la cooperación:

“El tribalismo asocia solidaridad con los semejantes y agresión contra los diferentes. Es un impulso natural, pues la mayoría de los animales sociales son tribales. En efecto, cazan juntos en manadas y tienen territorios comunes que defender; la tribu es imprescindible para su supervivencia. En las sociedades humanas, sin embargo, el tribalismo puede resultar contraproducente. Las sociedades complejas como la nuestra dependen del flujo de trabajadores que llegan a través de las fronteras nacionales, comprenden en su seno etnias, razas y religiones diferentes y producen modalidades divergentes de vida sexual y familiar. Forzar a toda esa complejidad a encajar en un único molde cultural sería políticamente represivo y una falacia respecto de nosotros mismos” (pág. 16).

Además el tribalismo nos empobrece, a todos y cada uno de nosotros, como personas: “El “yo” es un complejo de sentimientos, afiliaciones y comportamientos que rara vez se ajustan claramente entre sí; cualquier llamamiento a la unidad tribal menoscabará esta complejidad personal”.

sennett

Puesto que los problemas de convivir con la diferencia son tan amplios, insistirá Sennett, no puede haber una solución única ni definitiva. La alternativa deseable es un exigente y difícil tipo de cooperación, que trata de reunir a personas con intereses distintos o incluso en conflicto, que no se caen bien, que son desiguales o que sencillamente no se entienden.

Para Sennett la sensibilidad para esa cooperación no es una disposición ética, un estado mental interno que tenemos como individuos, sino que se trata de algo que surge de la actividad práctica, una práctica, la de la cooperación, que puede además ayudar a los individuos y a los grupos a entender las consecuencias de sus propias acciones (y el impacto de ellas sobre personas que no se nos asemejan) y a ganar una mayor conciencia de ellos mismos.

Rafael Aliena

0 Respuestas

  1. […] trilogía proyectada es precisamente el que nos ocupa, Juntos, dedicado a la cooperación. En él, como ya hemos mencionado, Sennett se centra en la sensibilidad para con los demás, por ejemplo en la capacidad de escuchar […]

  2. […] y creencias. Juntos era el libro de Richard Sennett que hemos más que recomendado (a partir de esta entrada). No, no creo que yo vaya a vivir junto a un baba sagrado de la India o un babalú aye […]