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¿Qué tienen en común las migraciones interiores y las internacionales? Mucho. Si pudiéramos olvidarnos de las fronteras y las comunidades políticas ya constituidas, con sus necesidades y sus temores, resultaría que migrar es migrar, sin más. Las necesidades, mal calculadas; los temores, exagerados… suele ocurrir, pero hay que contar con unas y con otros. Hablar de las migraciones interiores ayuda a pensar los flujos internacionales de otro modo. ¿Afina los cálculos? ¿Aquieta los temores? Deseamos pensar que la operación aporta inteligencia y mesura al asunto.

Hoy traemos un libro que escribió Isabel Wilkerson, la primera mujer afroamericana que ganó un Pulitzer, en 1994 por unos artículos publicados en el New York Times. Un ejemplo, por cierto, de trabajo bien hecho: quince años de dedicación, más de 1.200 personas entrevistadas: cuando llegó a esta cifra ─dice en la entrevista─ “dejó de contar”.

La Gran Migración en los Estados Unidos es la que tuvo lugar desde el sur al norte y al oeste. Unos seis millones de afroamericanos buscaron el calor de otros soles a partir de 1915 (un proceso que duró hasta los setenta). Wilkerson es hija de esa ola. Su madre se trasladó desde Roma, Georgia, hasta Washington, DC, 1.055 kilómetros. Su padre, años más tarde, a la misma ciudad desde el sur de Virginia.

“Se fueron porque querían disfrutar de mejores oportunidades. Se fueron porque vivían bajo un sistema de castas, que dictaba y controlaba cada aspecto de sus vidas. De algún modo fue tanto una defección como una migración”. Esto es impresionante. Habla de una casi “búsqueda de asilo”, la de personas que, en Birmingham, por ejemplo, tenían prohibido jugar al ajedrez con los blancos, en un momento en el que en el país había un linchamiento cada tres días.

Algunas de las historias que cuenta no se olvidan fácilmente. La del Doctor Robert Joseph Pershing Foster, por ejemplo, cirujano en la guerra de Corea, quien a la vuelta comprobó que no podía ejercer su profesión en su ciudad, Monroe, en Luisiana. Su historia recuerda la del atleta Jesse Owens, quien, tras un recibimiento triunfal en el puerto de Nueva York por su éxito en las Olimpiadas de Berlín, cuando sacó de sus casillas a los jerarcas nazis, no pudo encontrar un alojamiento adecuado esa misma noche en la ciudad que le aclamaba horas antes.

El doctor Forster hizo un viaje en 1953 en un Buick Roadmaster, atravesando solo el desierto de noche, sin poder parar, durante horas y horas, con las manos incapaces de agarrar el volante, luchando para no dormirse, arriesgando su vida, porque ─insisto─ no podía detenerse… legalmente no estaba autorizado. Wilkerson, concienzuda ella, quiso repetir el mismo recorrido, en el mismo coche, con unas carreteras mejoradas, y no pudo completarlo.

“Lo que en esencia estaban buscando era la libertad de caminar por las calles, de solicitar el empleo para el que se sentían cualificados, de cobrar por su trabajo [un salario justo]… [Lo suyo fue] una declaración de independencia en el sentido estricto de la palabra”. Fue la emancipación hecha realidad por ellos mismos, porque, hasta la fecha, ésta no había producido efectos reales en el sur.

Es muy interesante lo que dice a continuación: América cambió, su cultura se transformó. Nombra a varios hijos de la Gran Migración: Toni Morrison, August Wilson, Lorraine Hansberry, Richard Wright, Diana Ross, Smokey Robinson, B. B. King, Ralph Ellison, Langston Hughes, Miles Davis, Thelonious Monk, John Coltrane. “El jazz ─le oímos decir─ no hubiera sido lo que es hoy en día en absoluto”.

Toda esta gente de la Gran Migración necesitó coraje y planificación, y fortaleza, resolución, determinación, quizá desesperación. “Yo crecí en un mundo en el que casi todo el mundo era de Carolina del Norte, Carolina del Sur, Georgia, y toda esa gente trabajaba realmente duro. Tenían varios empleos. Tenían las ideas muy claras acerca de a dónde iban y acerca de cómo las vidas de sus hijos iban a ser mejores en el norte. Tenían que demostrar que su elección había sido la acertada. El fracaso no era una opción para ellos.

De este modo, muchos […] pensaron que les iría mejor si no rompían los matrimonios y criaban a sus hijos en un hogar con dos adultos” (algo que ya no sucedía en los hogares de los afroamericanos del norte).

Se acaba el tiempo. La entrevistadora le apremia. ¿Quiere usted decir algo más? “Sí, que tenemos en común con toda esa gente mucho más de lo que solemos creer”.

Los protagonistas de la Gran Migración, trasplantados en suelo extraño, buscaban el calor de otros soles y, tal vez, florecer.

Rafael Aliena

Fuente del vídeo: democracynow.com

1 Respuesta

  1. […] Isabel Wilkerson, con abuelos, en su caso, que procedían de Carolina del sur y de Alabama. Esta es la coda que prometimos sobre ese éxodo masivo de afroamericanos del sur al norte y el oeste de los Estados Unidos, seis […]

    • Me quedo con la frase ” que tenemos en común con toda esa gente más de lo que solemos creer”. Pues creo que en la migraciones y sus problemáticas se habla de la diferencia constantemente, y que eso no me pasara a mi… pero con echar un vistazo al pasado observamos que tenemos más en común de lo que creemos. Que nuestros antepasados, no muy lejanos fueron migrantes y que descendemos de culturas diversas. Y esto no hay que olvidarlo.

  2. […] qué ovillo sale esta entrada? ¿De qué hilo estiramos? De la Gran Migración, sin duda. Del que nos lleva a la confianza, la cooperación y al marco analítico de Migraciones y […]