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Estudiar el proceso de urbanización es estudiar la historia de la humanidad. El urbanismo y su evolución como proceso histórico global puede constituir una buena piedra de toque para acercarnos a una mejor comprensión de lo social, de la ciudadanía y de las formas de movilidad a través de las pautas de ocupación del espacio. Su observación nos ayuda a entender mejor la ciudadanía, puesto que lo urbano y las ciudades constituyen hoy por hoy, y parece que cada vez lo serán en mayor medida, el sustrato físico donde se desarrolla la vida y la sociedad humana, y con ello, la ciudadanía.

De Beijing a Copenhague, de Nueva York  a L.A., pasando por Siena, Melbourne, Daca o Christchurch, el documental que esta semana emitía En portada nos invita a un recorrido cosmopolita y nos plantea una manera de pensar la geografía humana que concibe las ciudades como un crisol, como punto de encuentro de perfectos desconocidos, como espacio donde convivir y compartir. ¿Acaso la convivencia no es sino un compartir?

El guión del mismo bien merece una transcripción, ya que nos lanza un buen puñado de afirmaciones inspiradoras acerca del fenómeno urbano, de las ciudades y la vida que albergan, lo que fueron y han sido, lo que son en la actualidad, hacia dónde parecen dirigirse y hacia dónde deberían hacerlo. No nos resistimos a citar algunas aquí.

“En nuestra búsqueda de riqueza oportunidades, dinero y una vida mejor, la mitad de la población mundial ha abandonado el estilo de vida tradicional para emigrar a las áreas urbanas. Para 2050, esa cifra puede alcanzar el 80%”.

“A pesar de la tradición de los estilos de vida tradicionales, las grandes ciudades modernas son un éxito como motores de crecimiento que han sacado a trescientos millones de chinos de la pobreza y les han dado un nivel de vida similar al de los países occidentales en solo veinte años”.

“¿La forma en que construimos las ciudades invita a la inclusión humana, a la interacción y a la intimidad?”

“Cuanto más espacio se deja para la gente, más vida pública hay”.

“Si podemos tener espacios donde la mayoría de nosotros nos sintamos invitados, de manera que no estemos en el espacio de otros, ni los otros en el nuestro, sino que todos estemos en el espacio común, entonces se hace posible que se encuentren diferentes capas de la sociedad, distintos grupos de usuarios, distintos estilos de vida”.

Confiamos en que sean suficientes para incitaros a su visionado y provocaros alguna otra mientras disfrutáis del documental. No os demoréis demasiado, está disponible hasta el 9 de junio.

Ángel Polo

 

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