Teléfono (34) 963 26 26 00 Móvil (34) 605 851 519

image_pdfimage_print

Se mueren y los hijos quieren cumplir con la tradición, pero emigraron y ahora están lejos, muchos en Alemania. ¿Qué hacer con los cadáveres? Los hijos insisten: “quiero despedirme del padre, no lo enterréis todavía”. Una morgue en una aldea de mala muerte, en la montaña de Turquía, no es un derroche. Así lo defiende el obsequioso alcalde ante un grupo de funcionarios en pesquisa judicial a los que ha debido dar cobijo en una noche cerrada. Érase una vez en Anatolia (2011) nos abre una ventana a través de la cual imaginar las sociedades de origen. La partida de los jóvenes lo cambia todo. Una nueva mirada a El mundo de ayer.

—Sr. Procurador, no hemos resuelto el asunto del cementerio. Perdón, lo voy a aburrir con esto.

—No, para nada.

—¿Puede hablar con el Gobernador? Él lo escuchará.

—Seguro, le hablaré, pero ¿de qué asunto se trata?

—No es gran cosa. Queremos arreglar el muro del cementerio, pero no tenemos los fondos.

—El muro está en ruinas y los animales van y cagan, con perdón de la expresión. Es una afrenta para los muertos y una molestia para los del pueblo. La idea es demoler las columnas de la entrada y construir allí una morgue. Los ancianos han dado el visto bueno.

—¿Construir qué?

—Una morgue. Y un cuarto para lavar los cuerpos. Una morgue con cuarto de lavado de cuerpos. Ya está el proyecto, la documentación lista, pero no podemos comenzar sin los fondos. Sr. Naci, es esencial, créame. Si sale bien, el pueblo tendrá una obra maestra. Le juro que en verano no sabemos qué hacer con los muertos.

—¿Por qué?

—El hedor.

—Entiérrenlos. ¿Por qué esperar? Entiérrenlos.

—Lo haríamos si no fuera por la fuerte emigración.

—¿Emigración?

—No quedan sino los viejos. Las novias e hijas llaman de Estambul. Tenemos muchos parientes en Alemania. Quieren venir y ver el cuerpo. Dicen por teléfono “No entierren a mi papá, quiero besarlo”. Todo bien, pero el hombre apesta. ¿Dónde van a besarlo? ¿Qué se les puede decir? Hay que esperar. No han vuelto en diez años, pero sus padres están aquí. Sólo quedan los viejos. Tiene que morir alguno para que se acuerden del pueblo. Cuando digo esto, estallan los chismes. Éste es mi problema.

—¿Qué dicen?

—Que se van a derrochar dineros del pueblo en una morgue. ¿Qué dineros? No son más que chismes.

Rafael Aliena

Los comentarios están cerrados.