Teléfono (34) 963 26 26 00 Móvil (34) 605 851 519

image_pdfimage_print

De origen indio, enviado a Inglaterra para tomar sus estudios, británico de adopción, escritor multipremiado, quizás arquetipo del “outsider” contemporáneo, crítico con el islamismo o mejor, con la deriva del Islam contemporáneo, acusado por ello de apóstata y condenado a muerte en 1988 por el ayatolá iraní Jomeini. Salman (a.k.a. Satán) Rushdie, recogía, en su último libro, la autobiografía titulada “Joseph Anton, Memorias del tiempo de la Fatua”, algunas reflexiones del todo oportunas en estos días en los que tratamos temas como la cultura y la identidad, la aculturación y la resiliencia. El autor nos habla en tercera persona, pero sabemos que sus palabras están destiladas a partir de su experiencia vital. Una expresión autorizada para una experiencia singular.

Era un emigrante. Era uno de aquellos que habían acabado en un lugar que no era el lugar de donde partieron. La emigración despojaba al individuo de todas sus raíces tradicionales. El individuo arraigado florecía en un lugar que conocía bien, entre personas que conocía bien, siguiendo las costumbres y tradiciones con las que él y su comunidad estaban familiarizados, y hablando su propia lengua entre otros que hacían lo mismo. De esas cuatro raíces, lugar, comunidad, cultura y lengua, él había perdido tres.
==========
En la era de la emigración, los millones de individuos emigrados del mundo se enfrentaban a problemas colosales, problemas de desamparo, hambre, desempleo, enfermedad, persecución, marginación, miedo. Él era uno de los más afortunados, pero no por eso se libraba de un gran problema: el de la autenticidad. La identidad del emigrado se convertía, inevitablemente, en algo heterogéneo, no homogéneo, algo que pertenecía a más de un sitio, algo múltiple en lugar de singular, algo que respondía a más de una manera de ser, algo más confuso que la identidad del individuo medio. ¿Era posible ser –desarrollar la aptitud de ser– no desarraigado sino múltiplemente arraigado? ¿No padecer la pérdida de las raíces sino beneficiarse de un exceso de ellas? Las distintas raíces tendrían que ser de una fuerza igual o casi igual, y a él le preocupaba que su vínculo con la India se hubiese debilitado. Necesitaba realizar un acto de reivindicación de la identidad india que había perdido, o se sentía en peligro de perder.
==========
El autor indio emigrado a quien contaron esta anécdota comprendió que la sensación de arraigo era un tema importante e incómodo para los dos. Se veían obligados a responder a preguntas que no necesitaban plantearse los autores inmóviles en un lugar, una lengua, una cultura, y debían aceptar sus respuestas como ciertas. ¿Quiénes eran, y a qué y a quiénes pertenecían? ¿O acaso la idea de arraigo era una trampa en sí misma, una jaula de la que habían tenido la suerte de escapar? Él había llegado a la conclusión de que era necesario reformular esas preguntas. Las preguntas para las que él conocía la respuesta no atañían al lugar o las raíces, sino al amor. ¿A quién quieres? ¿Qué puedes dejar atrás, y a qué necesitas aferrarte? ¿Dónde se siente pleno tu corazón?
 

Ángel Polo

Los comentarios están cerrados.