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La hazaña tuvo lugar en 1936, en los Juegos Olímpicos de Berín. Jesse Owens, norteamericano, corrió y saltó como nadie lo había hecho para arrebatarles cuatro oros a los mandatarios de una élite que se tenía a sí misma como el exponente más elevado de una raza superior. El que por momentos alcanzara las glorias del Olimpo se encontraba, poco después ya de vuelta a su país, con que no podía siquiera montar en la parte delantera de un autobús, hasta que Rosa Parks dijo “basta”, pero esa es otra historia.

¿Qué tiene en común la historia de Jesse Owens con la de muchas de las personas migrantes? Por supuesto, afrontar la adversidad. El primero triunfó en un suelo que le era hostil, una hostilidad muy similar por cierto a la que encontró a su regreso en su tierra natal. Para los segundos triunfar consiste sencillamente -se dice pronto- en alcanzar un suelo que muchas veces les resulta hostil, habiendo partido del que les era propio, cuya hostilidad se elevó hasta hacerlos marchar. Cambia el sentido del desplazamiento, pero las dificultades siempre están ahí. Uno corrió por su país, los otros lo hacen por unos corredores bien definidos y localizados.

Reflexionar sobre ese desplazamiento, sus direcciones y los corredores por los que discurre nos retrotrae al Informe sobre las Migraciones en el Mundo 2013. Encontrábamos en él que si distribuimos los países entre las categorías “Norte” y “Sur”*, se distinguen cuatro corredores: los que van de Sur a Norte, los que lo hacen en sentido contrario, de Norte a Sur, o los que tienen lugar en el seno de cada una de estas categorías, Norte-Norte o Sur-Sur. Cada uno de ellos presenta unas peculiaridades y características, si bien hoy queremos llamar la atención sobre los que quizás sean los menos estudiados. Son los que van de Sur a Sur, frecuentados por el 35 % del migración internacional total, algo que en términos absolutos arroja la cifra de unos 73 millones de personas al año. Tal cifra se piensa puede estar subestimada por la cantidad de desplazamientos no registrados. Aún así y todo, en términos relativos la probabilidad mayor de emigrar se da entre los pobladores del Norte, lo que de alguna manera indica que las posibilidades de movilidad humana (como tantas otras) no son las mismas en uno que en otro contexto. Permitidnos invitaros de nuevo a hojear el informe, y a que localicéis los corredores y los países por los que discurren. Quizás os llevéis alguna sorpresa.

* Ya indicábamos en otro momento que Norte y Sur eran, en este caso categorías referidas más al desarrollo socioeconómico de los países que a la posición geográfica que ocupan en el globo. Los países quedan agrupados así en regiones en desarrollo o desarrolladas (Clasificación del Departamento de Asuntos Económicos y Sociales de las Naciones Unidas (DAES/Naciones Unidas), según su nivel de ingresos (Banco Mundial), o a partir del Índice de Desarrollo Humano (PNUD-ONU), agregado de indicadores que valoran la salud, la educación y los ingresos. Evidentemente, tomar una referencia u otra puede clasificar a un país en el Norte cuando utilizando otra aparecería en el Sur, si bien en conjunto se obtienen unos resultados similares (véase mapas de la página 47 del informe citado).

 

Ángel Polo

Fotografía: Composición gráfica de la portada del documental “Jesse Owens”, de pbs.org

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