Teléfono (34) 963 26 26 00 Móvil (34) 605 851 519

image_pdfimage_print

La confianza y la cooperación integran, junto con la identidad y el deseo de conversar con el “otro”, la última de nuestras tres esferas de la ciudadanía (las otras dos son la entrada y la pertenencia y los derechos y la participación). De acuerdo con ella, ser “ciudadano” (más allá de la nacionalidad sensu estricto y de los derechos y la participación) implica ser una persona mínimamente afecta (leal) ka la sociedad en que uno reside (al menos cuando no lo hace de una manera temporal).

Nuestra esfera supone también en el “ciudadano” (espera de él) el deseo, la capacidad y la virtud necesarias para, en el océano cultural del pluralismo teñido de subjetivismo moral y ante el tipo especial de diversidad que ese subjetivismo genera o premia, sostener una conversación con “los otros” (la imagen aquí es la de gente diversa con curiosidad por los demás y ganas de “conversar” con ellos, gente que va más allá del chato “cada cual ve las cosas a su manera” y hace el esfuerzo de tomarse en serio su propio punto de vista y el de los demás, aunque de entrada no le agraden esas otras personas… incluso aunque de salida tampoco).

Nuestra ciudadanía, finalmente, es la de aquellos que confían mínimamente en los demás y en las instituciones y autoridades y tienen la voluntad, la capacidad y la virtud de cooperar con los extraños.

La ciudadanía, en el enfoque que queremos darle, nos hace prestar atención a este tercer elemento. No hay sociedad si sus miembros no confían los unos en los otros y si no confían en el sistema (si no lo consideran legítimo) y en las autoridades; sin confianza, no hay normalmente cooperación. Quien desconfía de los extraños, del sistema y de las autoridades y no está dispuesto a cooperar con nadie a quien no conozca bien o de quien no reciba el aval de un conocido (o sencillamente con nadie que no sea de su etnia, religión o localidad), porque tiene miedo de los extraños (o de algunos de ellos), porque le disgustan o porque no los entiende, difícilmente podría ser considerado, más allá del derecho, un ciudadano (se trate de un nacional o de un extranjero).

La ciudadanía es, por lo tanto, confianza y es cooperación. No imaginamos, por supuesto, un ciudadano que tiene una confianza total y absoluta, tanto en lo que hace a las personas, como en lo que hace al sistema y a sus autoridades, una confianza en todas las dimensiones posibles y sin reserva, una confianza extendida por principio a cualquier extraño con quien se encuentre (eso sería bastante necio e imprudente), una confianza, pues, general y universal. Tampoco presuponemos que la cooperación sólo se dará cuando la gente confíe del todo, pues el buen ciudadano es aquél que consigue cooperar con otros incluso cuando la confianza es baja, cuando les teme, le desagradan o no los entiende.

Bien por realismo, bien por el conocimiento de cómo han funcionado las sociedades (y de cómo siguen haciéndolo), no presuponemos que haga falta mucha confianza y mucha cooperación. Son, desde luego, bienes necesarios. Lo que afirmamos es que no hay por qué presuponer que lo son en grandes cantidades y que no hay razones para pensar que sin ese gran depósito las sociedades fallan.

Todo lo cual, dicho sea de paso, no significa que no haya personas que, como individuos, necesiten dosis grandes de confianza para convivir y cooperar con los demás (sin las cuales se sienten desorientados o padecen malestares varios).

Rafael Aliena

 

Fuente de la imagen: el fotógrafo Brassaï (1899-1984) viajó a España a principios de la década de 1950 para fotografiar la celebración de la Semana Santa y de la Feria de Sevilla (para saber más).

1 Respuesta

  1. […] la confianza y la cooperación de la lealtad básica? Prima facie y mientras no se demuestre lo contrario, sí. Tendemos a pensar que las hace más […]

  2. Estoy de acuerdo en que el binomio confianza y cooperación, es necesario y crea ciudadanía. Y al como se ha explicado, la crea aunque se den diferentes grados de confianza. Una persona con cierta desconfianza a diversos factores, pongamos como ejemplo la esfera política ( que siempre nos toca de cerca), no deja de cooperar con el otro, participar de forma activa a expensas de que se produzca algún cambio. Esto, crea ciudadanía, crea grupo… Crea Identidad.