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Un pies negro veterano de una guerra de la que vuelve con profundas heridas en su espíritu (su hermana le dice: “Has luchado por tu patria, te lo deben”), católico de práctica y fe; un pueblo al que no le gustan los blancos, unos blancos que saben poco del mismo; un sujeto, mezcla de terapeuta y antropólogo, que vivió dos años entre los mojaves, judío huido de Hungría y llegado a los Estados Unidos desde Francia, lugar transitorio de refugio, un excéntrico rechazado por el establishment médico y psicoanalítico; una institución médica militar que les da una oportunidad; dos sujetos, el indio pies negros (Jimmy Picard) y el judío que esconde sus orígenes, Georges Deveroux (un sujeto real, no inventado: nació en 1908 y murió en 1985; Jimmy Picard también existió), dos sujetos –decimos– que partiendo de realidades muy diferentes llegan a conocerse y respetarse (con algo de conflicto de por medio, pero no mucho, pues Jimmy Picard es tímido y deferente); dos hombres de buena voluntad –como recoge la película en el pasaje que hemos seleccionado– en busca de un terreno compartido que se toman su tiempo (el terapeuta dispone de él, Jimmy, aunque extraordinariamente paciente, muestra siempre ganas de volver a casa).

Jimmy P. (2013) es la película que hoy anima nuestra reflexión. La confianza que brota de un conocimiento mutuo y una práctica de cooperación (por más que en ella el terapeuta posea más autoridad) en busca de la salud y el bien. Un respeto que nace de que ambos llegaran a conocer y apreciar, no solamente la condición humana del otro y sus necesidades como humano, sino sus cualidades o virtudes y sus necesidades como ese humano concreto, nada abstracto, que es cada cual. A Deveroux no le gustaban las grandes palabras (complejos, trauma psíquico), tampoco a quien escribe (el Hombre, los Derechos del Hombre, por ejemplo).

—Echarás de menos a tu paciente.

—Seguro.

—¿No quisiste verle en la estación?

—No.

—¿Te sientes culpable?

—No me siento culpable de los crímenes de los americanos a los indios. No soy responsable por lo que hicieron antes de mí, sino por mis actos. Rechazo la comunión de los santos, así como la comunión de los malos. No ayudé a Jimmy Picard porque fuera un indio, sino porque estaba en mi poder ayudarlo. Lo que pasó entre Jimmy y yo sólo nos interesa a nosotros: dos hombres de buena voluntad, en busca de un terreno compartido. ¡Por supuesto que somos diferentes! Todos disfrutamos de manera diferente. Sin embargo, todos debemos ser capaces de sentarnos en el banquete de los dioses.

Rafael Aliena

 

1 Respuesta

  1. Interesante, la trama de la película, algo que me llamo la atención es el espacio donde dice no lo ayude por ser indio , sino porque tenia el poder de ayudarlo. Y llego a la reflexion de cuentas veces por poder algunos salen beneficiados sin esperarlo o de lo contrario pueden salir afectados porque algunos tienen el poder de decidir. En relacion al poder, son pocos quienes lo tienen o lo llevan o quizas quienes lo aplican de manera adecuada, me queda la pregunta en el aire, adecuada? es un termino muy universal entonces podríamos entrar en el concepto de justicia, injusticia, bueno ,malo etc creo que después de este revoltijo de ideas y palabras el poder sea bueno o malo te da la opción para decidir por ti y por algunos otros.