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No sobre la de hoy, ya suficientemente vapuleada y en crisis profunda. “Abrimos nuestra ciudad de par en par al mundo”, dejó escrito Pericles, quien falleció en el 429 a. C., en su Oración Fúnebre, “y nunca excluiremos a los extranjeros de oportunidad alguna”. De ahí que muchos de ellos se trasladaran voluntariamente a Atenas, atraídos por las oportunidades económicas y tal vez también por el “aire de libertad” que se respiraba en la ciudad. La mayoría de ellos nunca se elevó del rango de trabajador o de “mecánico”, aunque algunos prosperaron: en la Atenas del siglo IV a. C. los metecos –éste es el nombre que recibieron– se contaban entre los comerciantes más acaudalados. Si bien se les solicitaba que participaran en la defensa de la ciudad, no tenían en absoluto derechos políticos ni tampoco sus descendientes. Tampoco compartían el derecho de beneficencia más elemental, pues quedaban excluidos de la distribución de los granos. Estas exclusiones expresaban y, al tiempo, hacían efectiva la baja posición de los metecos en la sociedad ateniense.

Aunque él mismo era meteco, Aristóteles proporciona la clásica defensa de la exclusión respondiendo en apariencia a sus detractores, quienes sostenían que la corresidencia y la labor compartida eran motivos suficientes para la pertenencia política. “Un ciudadano no se convierte en tal”, escribió, “por el mero hecho de vivir en un lugar”. Tampoco la labor, ni siquiera la labor necesaria, es mejor como criterio: “No debéis proponer como ciudadanos a todos aquellos sin los cuales no tendríais ciudad alguna”. La ciudadanía exigía cierta “excelencia” no asequible a todo el mundo.

Los ciudadanos tomaban, pues, decisiones sobre sus vidas; los metecos (y ya no hablemos de los esclavos) vivían dominados. Acudían al foro público, simplemente en virtud de ser habitantes del espacio protegido del Estado-ciudad, mas no tenían ni voz ni voto. No podían asumir cargos públicos, ni asistir a la asamblea, ni actuar como jurados; no poseían ni delegados ni organizaciones políticas y nunca se les consultaba acerca de decisiones importantes. Eran “súbditos de una banda de ciudadanos-tiranos, gobernados sin su propio consentimiento”. Atención a la cita. ¿Quién nos habla?… “súbditos de una banda de ciudadanos-tiranos”.

Los metecos atenienses eran (si procedían de Grecia) ciudadanos hereditarios en las ciudades de las que provenían y, aunque este estatus no les proporcionaba protección práctica alguna, tal vez ayudaba a equilibrar su precaria situación. Su relación con los atenienses puede ser descrita en términos contractuales: buen comportamiento a cambio de trato justo.

No obstante, esta definición vale apenas para los hijos de la primera generación de metecos, pero ningún argumento contractualista –escribe nuestro oculto autor– puede justificar la creación de una casta de residentes extranjeros. La única justificación para los metecos yace en una concepción de la ciudadanía como algo que los atenienses literalmente no podían distribuir, dado el modo que tenían de entenderla. Todo lo que podían ofrecer a los extranjeros era un trato justo, y ello era lo único que los metecos podían pensar en exigirles. Aristóteles empleó como argumento en contra de las ciudades grandes el que “los residentes extranjeros tomen parte expeditamente en el ejercicio de los derechos políticos”.

“En todo caso, no existe tal obstáculo en las comunidades democráticas contemporáneas, con lo cual llega el momento de tomar en consideración a nuestros propios metecos. “¿Pueden los Estados desarrollar sus economías con sirvientes que viven-con, con trabajadores huéspedes, separados de la compañía de los ciudadanos?”. Es un conocido de migracionesyciudadania quien formula esta pregunta: Michael Walzer (aquí y aquí).

Rafael Aliena

1 Respuesta

  1. Definivamente que esta parte de la hisotira nos refleja que desde siglos pasados la lucha por la ciudadania, derechos y el estado han sido parte de la historia en el tema de migracion.
    el considerar la extranjeria o migracion fuera del contexto de los derechos que el estado debe dar a cada uno de sus ciudadanos sean de origen o no es un derecho que ha sido decidido y aplicado por el propio ser humano, aquellos que han sido encargados de ejecutar las leyes de aplicarlas o de negarlas han sido aquellos que desde entonces han puesto en tela de juicio la ciudadania y derechos de los extranjeros o de los migrantes.
    ahora la pregunta seria: despues de siglos y siglos sera que estamos en una epoca de reformar y cambiar el concepto de estado de derecho para el fenomeno migratorio?

  2. […] peculiaridad de las culturas y los grupos depende de un ámbito cerrado”. El mismo que dice esto se muestra severo con los países que hospedan metecos y tratan a los metecos como metecos. No son dos personas, sino una; no es el misterio de la doble personalidad; no asistimos al combate […]